Con la llegada del verano, el contrato de temporada se convierte en el rey durante la época estival. Presenta diferencias con respecto al contrato de arrendamiento de una vivienda. Por ello, a lo largo de esta entrada vamos a explicar qué diferencias existen y aportaremos algunas nociones en caso de que el contrato no se renueve o se quiera rescindir antes de lo estipulado. Así que, si buscas respuestas, en este post las encontrarás. ¿Nos acompañas?

Qué es un contrato de temporada

Antes de nada, vamos a definir este tipo de contrato. La Ley de Arrendamientos Urbanos establece dos tipos: los arrendamientos de vivienda y los de uso distinto al de vivienda. Dentro de los segundos se encuentran los contratos de temporada, los cuales son los que se realizan sobre viviendas que no van destinadas a establecer un hogar. No se persigue que la estancia sea estable, sino que su fin es ser un mero alojamiento transitorio.

Esta sería, la diferencia fundamental entre ambos contratos, el de temporada y el de arrendamiento de vivienda: la transitoriedad.

Duración del arrendamiento de temporada y uno de vivienda

Ahora que ya conoces este contrato y en qué se diferencia de uno de vivienda, vamos a explicar su duración. La ley antes mencionada no indica cuál debe ser la duración del contrato, por lo que esta se establece entre las partes firmantes de acuerdo con el motivo que genera dicha duración pero como máximo será de un año.

Además, también son los firmantes quienes pueden establecer las prórrogas, si se llegan a dar pero siempre en dichas prorrogas se firma un nuevo contrato cuya duración máxima será de un año. En caso de no haber prorroga, esto significaría el fin del arrendamiento de temporada.

En cuanto al contrato de vivienda, las circunstancias son similares en cuanto a que no hay una duración mínima. Sin embargo, si es inferior a los tres años, al vencimiento del mismo las prórrogas se realizarán de manera anual. En caso de que no se dé la voluntad de prorrogarlo tras el primer año, al menos informando con 30 días de antelación, el contrato se extiende por otro año.

Las razones por las que se pone fin al contrato

La ley dice que un inquilino puede abandonar el inmueble con previo aviso de 30 días. En el contrato de vivienda habitual puedes abandonar el inmueble sin penalización a partir del sexto mes informando al propietario con 30 días de antelación pero en el caso del contrato de temporada el inquilino va a tener que pagar una indemnización al arrendador si deja el piso antes de la fecha fin del contrato, así que piénsatelo dos veces antes de decidir irte si no deseas soportar una penalización. El incumplimiento de lo pactado conlleva una indemnización, que puede ser igual al total de las mensualidades pendientes de satisfacer hasta el final del contrato o la fianza.

De entre las múltiples razones, destacan varias:

El impago de la renta motivaría la conclusión del contrato.

– Ocasionar graves daños al inmueble por parte del inquilino o realización de obras no permitidas.

– Realizar actividades molestas para el resto de inquilinos o que son consideradas ilícitas, también supone la rescisión del contrato de temporada.

Si las partes implicadas no finalizan el contrato de forma amigable puede llevarse a los tribunales para que estos lo diriman.


Evita los contratiempos en tu tiempo de descanso.

Un contrato de temporada es el que se realiza durante un tiempo a establecer entre arrendador y futuro arrendado y se diferencia del de una vivienda en que el primero no busca crear un hogar. En caso de renovación del contrato, este se hace por un año en los arrendamientos de temporada. Además, son múltiples las causas que ponen fin a un contrato de alojamiento, así que, lo mejor es siempre actuar de manera respetuosa con lo estipulado. No dudes en solicitar el asesoramiento de los expertos en la materia y ¡disfruta de tus vacaciones!